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Vinícius Júnior: la gran esperanza brasileira

17 de junio de 2026
Vinícius Júnior: la gran esperanza brasileira

Con 25 años y talento de sobra, la pregunta no es si puede rendir, sino si llegará con la cabeza despejada

Silvia Alegría. Los Angeles

Vinícius llega al Mundial 2026 en una situación paradójica: es el jugador más importante de Brasil, pero atraviesa el peor momento de su etapa en el Real Madrid.

Según sus propios estándares, ha tenido una temporada decepcionante. En LaLiga ha contribuido con 15 goles y 34 partidos, perdiendo incluso la condición de titular indiscutible con el exentrenador Xabi Alonso. El Real Madrid cierra su segundo año consecutivo sin títulos, y el rendimiento colectivo del equipo ha estado muy por debajo de lo esperado.

La tensión también ha trascendido al terreno personal

Vinicius recibió los silbidos más fuertes de la afición del Bernabéu, frustrada por las sucesivas derrotas. Las negociaciones para renovar su contrato se encuentran estancadas. El público del Bernabéu le señaló directamente con una pitada que le hizo reaccionar en redes sociales, quitándose la camiseta del Real Madrid y poniéndose la de Brasil.

Y ahí está precisamente la clave del Mundial. Ese gesto no fue casual: Vinicius parece encontrar en la selección el refugio emocional que le niega su club. Brasil puede ser su tabla de salvación y su escaparate ante el mundo.

La selección de Carlo Ancelotti —el técnico que mejor lo conoce, el mismo que lo catapultó a la élite en el Bernabéu— lleva 24 años sin ganar un Mundial y deposita en él una responsabilidad enorme. No es solo el nueve o el extremo: es el símbolo, la referencia, el jugador al que miran sus compañeros cuando el partido se complica. Rodrygo, Endrick y una generación hambrienta de gloria orbitan a su alrededor, pero la luz tiene que venir de él.

Con 25 años y talento de sobra, la pregunta no es si puede rendir, sino si llegará con la cabeza despejada. Un Mundial puede reinventar una carrera en pocas semanas, y la historia del torneo está llena de jugadores que llegaron tocados y salieron consagrados. Ronaldo en 2002. Zidane en 2006. Si Vinicius recupera su mejor versión —la del jugador desequilibrante, eléctrico e imparable que enamoró a medio mundo — Brasil tiene un arma letal que ninguna defensa del planeta sabe detener del todo.

Si arrastra los fantasmas de esta temporada, la Canarinha habrá depositado demasiada responsabilidad en un jugador que todavía no sabe muy bien dónde jugará la próxima temporada. El Mundial empieza en el césped, pero para Vinicius empieza antes, en su cabeza.

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