La familia Aguilar y el peso de un sueño

Descubre cómo la familia Aguilar ha construido su legado en Minnesota enfrentando desafíos y trabajando por el sueño americano
“No fui a la universidad”, reconoce con orgullo, “pero crecimos en una comunidad maravillosa, muy multicultural, con vecinos judíos y otros, que se convirtieron en mentores. Hubo mucha gente que vio algo en mí”. Esa red de apoyo, tejida desde abajo, fue el capital inicial de un hombre que aprendió que construir comunidad y construir negocio son, en el fondo, la misma cosa. Con sede en St. Paul, Minnesota, Aguilar Productions celebra este año su 30 aniversario. Esta galardonada empresa goza de reconocimiento a nivel nacional en el sector del marketing hispano por organizar conferencias que promueven el poder adquisitivo multicultural en Estados Unidos. También fue miembro fundador de la Junta Directiva de la Cámara de Comercio Hispana de Estados Unidos, segundo vicepresidente de la Cámara de Comercio Hispana a nivel nacional, presidente de la Cámara de Comercio del área de Saint Paul —el primero en hacerlo en los 150 años de historia de esa institución— y miembro del Metropolitan Council de Twin Cities por nombramiento del gobernador Tim Pawlenty, cargo que ejerció durante ocho años. También fue comisionado del Saint Paul RiverCentre.
“Presidir la Cámara de Saint Paul fue un gran abridor de puertas”, dice. “Y terminaron convirtiéndose en el patrocinador de mis conferencias de marketing multicultural. Así funciona esto: construyes relaciones y las relaciones construyen oportunidades”. El Star Tribune, el Saint Paul Pioneer Press y Twin Cities Business Magazine, entre otros, han recogido su trayectoria a lo largo de los años. Richard Aguilar es, en pocas palabras, una figura que ha dado forma durante décadas a la comunidad latina de Minnesota desde el poder institucional y desde la calle.
Hoy, sin embargo, la familia enfrenta la prueba más dura. El 3 de febrero de 2026, el hijo de Gisela y Jacob, Miles, de cuatro años, fue diagnosticado con DIPG, un glioma pontino intrínseco difuso: un tumor cerebral pediátrico agresivo, inoperable e incurable. De un día para otro, la familia entera reorganizó su mundo alrededor de un niño que adora la naturaleza, los programas de cocina, hornear con su abuela, apilar libros junto a su cama y salir en patinete con su corgi Murray. Un niño que, según quienes le conocen, ilumina cada habitación que entra. Su heroína es su prima Zoe. Su mundo es inmenso aunque su cuerpo sea pequeño.
Desde el diagnóstico, Gisela y Jacob viajan cada día desde Alhambra hasta el Children's Hospital Los Angeles para que Miles reciba radioterapia. Hay una pequeña luz en el horizonte: el tumor ha respondido al tratamiento y ha reducido su tamaño. Miles ha vuelto al colegio. "Es uno de los afortunados, pero es una batalla cuesta arriba", admite Richard. Gisela, entre tanto, ha retomado su trabajo. "Estoy muy orgulloso de ella", dice su padre. "Es una mujer muy valiente. Y vamos a superar esto".
La campaña de GoFundMe de la familia ha reunido ya más de 122.000 dólares gracias a 740 donantes. Miles sueña con ver las secuoyas gigantes del norte de California, buscar piedras preciosas en la orilla de Pebble Beach y seguir llenando sus días de libros, hornadas y abrazos. "Estamos intentando darle toda una vida de recuerdos en el tiempo que tiene", escriben en la campaña.
"¿Es esto una señal de la resiliencia de tu familia?", le pregunto a Richard al final de nuestra conversación. "Oh, sí", responde sin dudar. "Absolutamente".
La historia de los Aguilar es, en su doble vertiente, un retrato del Sueño Americano en toda su complejidad: el esfuerzo de una generación que construye desde la nada, y el amor incondicional de la siguiente que lucha por proteger lo más valioso que tiene. Porque hay sueños que se persiguen, y hay sueños que se abrazan con todas las fuerzas. EC
Autor
Pablo Scarpellini


