¿Ya no hay equipos chicos?

En lo que va del Mundial, es evidente de que el futbol está más globalizado que nunca
Pepe Penales. Los Ángeles
Fui de los que criticaron con enjundia la ampliación del Mundial a 48 selecciones, bajo el argumento de que se colaría mucha “paja” que no tenía cabida en la mesa de los invitados. Hasta lo que val del torneo, la realidad me ha demostrado lo contrario: algunos de los que entraron por primera vez a la fiesta se la están pasando bomba, o al menos no están arrinconados como si no pertenecieran, sino que bailan, comen y cantan como si nada.
Curazao dio pena en su primer duelo contra Alemania, que les metió 7, pero se puso la capa de héroe contra Ecuador, que por más que lo intentó no pasó del cero; y si me apuran, los curazaenses tuvieron una que otra llegada de mucho peligro. La República Democrática del Congo dio otro batacazo, le arrancó un empate a Portugal, uno de los candidatos a llegar lejos. Uzbekistán vendió cara la derrota ante Colombia. Pero la selección que se ha ganado el respeto y los aplausos es Cabo Verde. Los Tiburones Azules lograron dos empates ante España y Uruguay, nada más y nada menos.
Los ejemplos anteriores no fueron accidentes, los llamados equipos chicos dieron pelea con todo y sus limitaciones. Congo, Cabo Verde y Curazao saben jugar, son fuertes y veloces y no arrugan. Fue un deleite ver a los caboverdianos hacerle frente a la garra charrúa, aguantaron como los buenos y lanzaban peligrosas dentelladas cada que podían. Antes pasó lo mismo con Curazao, que nunca bajó los brazos ante el constante bombardeo de los ecuatorianos y contestaban golpe con golpe.
Todavía falta mucho para que acabe el torneo, pero varias selecciones que son vistas por encima del hombro nos están dando una muestra de que el futbol se ha estrechado más que nunca, alcanzado a naciones que antes vivían aisladas del resto del mundo en lo futbolístico. EC


