Orange County FC: el club que quiere conquistar a los latinos sin perder su alma europea

Dan Rutstein, presidente británico del equipo de Irvine, apuesta por el talento hispano y el Mundial para dar el salto definitivo
Pablo Scarpellini. Los Angeles
Hay algo paradójico en la historia de Dan Rutstein. Un hombre criado en la cultura del fútbol inglés, donde la afición se hereda como el apellido, dirigiendo un club en el sur de California donde convencer a alguien de que existe ya es una victoria. Y sin embargo, lleva años haciéndolo, y haciéndolo bien.
Orange County FC juega en la USL Championship, la segunda división del fútbol americano, en un estadio de 6,500 asientos en Irvine. Campeones nacionales en 2021, actualmente lideran la Conferencia Oeste. "Mezclamos experiencia con jugadores jóvenes", explica Rutstein. "Hemos vendido nueve jugadores a equipos europeos y hemos tenido internacionales que han jugado Copas del Mundo y la Champions League." Uno de sus referentes es Michael Orozco, quien jugó 27 veces con la selección de Estados Unidos y fue capitán del equipo campeón en 2021.
La comunidad latina es parte esencial de su identidad. "Hemos tenido jugadores internacionales con El Salvador y México, y actualmente entre dos y tres jugadores del plantel tienen raíces hispanas, incluido uno que vive en Santa Ana", cuenta. El club celebra dos veces al año una fiesta en el estadio y su patrocinador oficial de tacos, Takería Oil, tiene restaurantes en Santa Ana, Anaheim y Orange. "Siempre ha sido un entorno acogedor para los aficionados hispanos, con representación también dentro del campo".
El Mundial de 2026 lo tiene claramente en la mira. El estadio del club ya es utilizado por la selección de Estados Unidos en sus preparativos. "Va a ser como 100 Super Bowls en seis semanas", dice. "Cuando termine, la gente va a querer saber dónde puede ver fútbol. Van a descubrir que aparcar en un partido del Galaxy cuesta 250 dólares, y que con nosotros pueden traer a toda la familia por 15. Nos van a encontrar a nosotros."
Adaptarse al espectáculo americano no fue sencillo para alguien formado en la cultura futbolística británica. "Al principio quería que cada partido fuera solo fútbol, como en Europa. Pero aquí no funciona así." Los sorteos, las mascotas, las noches temáticas de Star Wars, los fuegos artificiales. "En Inglaterra cierran la tienda del club durante el partido porque nadie compraría nada. Aquí es completamente diferente." Con el tiempo, dice, ha aprendido a quererlo: "Es la manera americana de ver el deporte. No es la tradicional, pero es esta."
Y funciona. "Traes a la gente al estadio, la haces sentir parte de algo, le enseñas las canciones, los niños pueden entrar al campo después del partido a tirar penaltis, los jugadores siempre se quedan a firmar autógrafos. Construyes una comunidad." En un país donde la afición no se hereda, eso, dice Rutstein, lo es todo. EC


