Cómo criar hijos emocionalmente fuertes sin sobreprotegerlos
Becky Krinsky - Life Coach
Uno de los duelos más silenciosos que atraviesa un padre o una madre ocurre cuando el hijo, ya adulto, se aleja del nido para intentar volar por sí mismo. Aunque su cuerpo crezca, muchas veces el corazón del padre se resiste a dejarlo partir.
Pero ese impulso de amor, si no se reconoce, puede transformarse en una forma de control. Con la excusa de “querer evitarles sufrimientos”, se les impide vivir sus propios procesos, tomar decisiones y hasta equivocarse. Se les roba la oportunidad de crecer con dignidad.
Soltar no es abandono. Confiar en ellos no es ser indiferente. El verdadero acto de amor consiste en permitirles tropezar, enfrentar retos y construir su historia, incluso si creemos que se están equivocando. Porque solo cuando uno se hace responsable de sus decisiones —y también de sus caídas—, realmente crece.
Cada tropiezo, cada error, cada “no” que reciben, les enseña a desarrollar tolerancia a la frustración, a formar criterio propio y a descubrir quiénes son. Educar no es protegerlos de todo, sino prepararlos para enfrentar lo que vendrá.
Afirmación personal:
Acepto que ser padre es un regalo, y educar es una responsabilidad que requiere entrega, humildad y fortaleza. Tengo el valor de dejar que mis hijos tropiecen, confiando en que sabrán levantarse y encontrar su propio camino. No los detengo por miedo, los acompaño con respeto. Renuncio al control para dar espacio al crecimiento.
Soltar también es educar
• Un hijo que nunca se equivocó, difícilmente sabrá cómo levantarse cuando la vida lo rete. Los tropiezos enseñan a ver consecuencias, asumir responsabilidades y desarrollar sentido común.
• Cada persona llega a este mundo con un camino propio. El rol del padre o la madre no es dirigir cada paso, sino guiar con amor, acompañar con respeto y confiar. Y cuando llega el momento, dar un paso atrás para que el hijo escriba su propia historia.
Con información de www.recetasparalavida.com.