La pérdida de hábitat, el uso intensivo de pesticidas y el cambio climático han reducido drásticamente el número de este maravillo ejemplar
Por José López Zamorano
Cada año, la mariposa monarca emprende uno de los viajes más asombrosos del planeta: miles de millas guiada por el sol, el campo magnético y una memoria genética que la ciencia aún intenta descifrar.
Sin embargo, ese espectáculo natural —tan frágil como hermoso— está en riesgo. La pérdida de hábitat, el uso intensivo de pesticidas y el cambio climático han reducido drásticamente sus poblaciones.
De acuerdo con el recuento anual de la población occidental de mariposas monarca, realizado por la Sociedad Xerces para la Conservación de Invertebrados, se registraron únicamente 12,260 mariposas, en 249 sitios en California, donde las monarcas del oeste pasan el invierno.
“Estas cifras, significativamente bajas, claramente indican una tendencia hacia el continuo declive de la especie”, alertó la Dra. Rebeca Quiñonez-Piñón, científica principal de National Wildlife Federation (NWF).
“Para salvar a la monarca, antes de que sea demasiado tarde, es necesario que el Servicio de Pesca y Vida Silvestre no postergue más la protección de la mariposa monarca como una especie amenazada, bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción", indicó.
Pero frente a un problema de esta magnitud, la pregunta no es solo qué pueden hacer los gobiernos o los científicos, sino qué pueden hacer las comunidades. La respuesta es clara: mucho más de lo que creemos.
Las comunidades pueden ayudar muchísimo a la mariposa monarca —y no hace falta ser científico ni tener un rancho gigante. Aquí van formas prácticas y comunitarias de marcar la diferencia:
1. Sembrar lo que sí les sirve
El algodoncillo es imprescindible; ahí ponen sus huevos y comen las orugas.
2. Decirle no a los pesticidas
Evitar herbicidas e insecticidas, sobre todo los sistémicos.
3. Educación y conciencia local
Talleres en escuelas y centros comunitarios para promover alternativas naturales a nivel vecinal, como jardines educativos o “estaciones monarca”, que fomenten el aprendizaje práctico y la participación de la comunidad.
4. Organización comunitaria
Jornadas de reforestación con plantas nativas. Programas de “adopta un jardín”. Colaboración con ONG ambientales y gobiernos locales.
5. Proteger su ruta migratoria
Cuidar y restaurar hábitats en las zonas por donde pasan. Apoyar áreas naturales protegidas (especialmente en México).
En conjunto, estas acciones revelan una verdad simple pero poderosa: la conservación no es un acto aislado, es un proceso colectivo.
La mariposa monarca no se salvará sólo con discursos ni con likes en redes sociales. Se salvará cuando las comunidades decidan cambiar la forma en que usan sus espacios, cuidan sus plantas y se relacionan con la naturaleza. EC
Con información de La Red Hispana